En estos días se está celebrando en París una nueva edición del Salón del Libro, que ha contado este año con México como invitado de honor. Francia abre las puertas al español, con un despliegue mediático atractivo, un programa de actos apretadísimo y una cartera de invitados envidiable. Tenemos aún mucho que aprender los españoles de los franceses. Que tomen nota los responsables del Liber. ¿Para cuándo un portal permanente de Liber donde nos demos cita virtualmente los profesionales del libro, durante todo el año?Sigamos en Francia: con un cierta regularidad solemos consultar la página web del Centre National du Livre de France (¿para cuándo algo parecido en España? ¿Es tan difícil? ¿Cuándo dejaremos de organizar congresos de libreros o de editores, para convocar un Congreso Nacional del Libro?). Pues bien, en nuestra última visita al portal francés nos quedamos anonadados al comprobar por dónde están tirando nuestros colegas franceses. Al pinchar el menú “Aides aux éditeurs” se puede ver la enorme gama de subvenciones de que gozan los editores del país vecino. Veamos:

· Ayudas a la edición de publicaciones.
· Préstamos (a interés cero) para la edición de libros.
· Subvenciones a los editores para la preparación de de proyectos colectivos editoriales complejos.
· Subvenciones a las colecciones y a proyectos de edición plurianuales.
· Subvención a los editores para asumir costes de imágenes e iconografía.
· Subvención para la traducción de obras francesas a lenguas extranjeras.
· Subvención a los editores para la traducción de obras extranjeras al francés.
· Subvención a los editores para la traducción en lenguas extranjeras de dossieres y extractos de obras.
· Subvención a los editores para digitalización.
· Subvención a los editores para edición multimedia o sites agrupados de editores.
· Subvenciones excepcionales a los editores para reimpresiones.
· Subvención a los editores para la creación y desarrollo de portales y webs colectivos.
· Ayuda a la creación y difusión de obras en formato digital.
Verdaderamente apabullante. Esto sí que es promover y potenciar las industrias culturales y, sobre todo, la diversidad editorial. En algún momento parecería conveniente que los editores españoles establecieran unas líneas de trabajo convergentes, como colectivo, para proponer al Ministerio y a las instituciones autonómicas hojas de ruta basadas en alguno de estos puntos, en apoyo a la edición cultural e independiente. Hace falta mucha más proactividad e innovación en el sector editorial español, y los editores han de tomar las riendas en ese sentido, recuperando un liderazgo perdido hace tiempo.











