22 julio 2009

A PROPÓSITO DE LARSSON (2): ¿LIBROS PARA PENSAR?

En el pasado Encuentro de Editores de Santander, en la mesa sobre edición de «libro de ensayo», tuvimos ocasión de asistir a un nuevo asalto del debate edición cultura versus edición mercado. Aunque nos declaramos firmes defensores y frecuentadores de lo que el maestro Einaudi denominaba «edición-sí», que tan oportunamente Jorge Herralde nos recordó a todos los asistentes, el debate cultura/mercado se reactivó entre los editores con ocasión de un comentario a la trilogía de Larsson.

Algún editor se atrevió a afirmar que él editaba sólo libros «para pensar», mientras que el representante de Planeta defendió unos libros escritos con calidad por un periodista de reconocido prestigio en su país. Al margen de elitismos trasnochados, lo que se impone es la realidad. En un sector acosado por la crisis en términos relativos, ver a la gente en el metro y en los autobuses con los libros de Larsson es algo que mueve abiertamente a reflexión. El descomunal nivel de ventas alcanzado en tan poco tiempo por esta trilogía, con una compra compulsiva del tercer volumen el mismo día de su aparición en librerías, obliga al sector, a editores y libreros, a reflexionar sobre este fenómeno, trascendiendo un maniqueo debate cultura/mercado. Nos hacemos varias preguntas:

  1. ¿No son los libros de Larsson algo más que un simple best seller?
  2. ¿Responden a un moda o a una tendencia sociológico-comunitaria?
  3. ¿Estamos ante un caso a estudiar por los profesores de marketing de ventas o por los sociólogos que estudian los hábitos de consumo?

Leyendo estos días a Rogert Chartier, investigador sobre el mundo de la cultura escrita, el libro y la lectura de la Modernidad a nuestros días, leíamos una peculiar definición del concepto «cultura» que nos puede ayudar a arrojar luz a este fenómeno: «aquella manifestación que articula las producciones simbólicas y las experiencias estéticas sustraídas a la urgencia de lo cotidiano, con los lenguajes, los rituales y las conductas gracias a los cuales una comunidad vive y reflexiona su vínculo con el mundo, con los otros y con ella misma».



No hay lugar a dudas de que la millonaria venta de la trilogía de Larsson, además de una moda, un negocio para un editor, varios distribuidores y cientos de puntos de venta, incluidas librerías independientes, podríamos calificarla de «producción simbólica» de la sociedad occidental. Algunos periodistas han bautizado a estos best seller como «de calidad», para distinguirlos de otros productos de secuelas de algún éxito cinematográfico, o provocadores del mismo, cuya calidad literaria deja mucho que desear.

Con Larsson, y no nos pongamos puristas, está ocurriendo que gusta a unos y a otros, a los exquisitos y a la masa. No sabemos si los libros de Larsson son una joya literaria, pero desde luego su virtud de entretenimiento no está reñida en absoluto, en principio, con una segunda lectura «para pensar». Desde luego, este fenómeno nos debería hacer «pensar» a los artífices del sector, a descubrir que tras la trilogía de Larsson se esconde no sólo un negocio, sino un fenómeno de masas, en definitiva, un discurso que trasciende la materialidad de los libros.



Leyendo de nuevo a Chartier, recordamos que I. Kant, en su Metafísica de las costumbres (1796), constataba la doble naturaleza del libro, material y discursiva, y distinguía así entre el libro como «opus mechanicum», como objeto material, que pertenece a su comprador, y el libro como discurso dirigido a un público, que sigue siendo propiedad de su autor y que sólo puede ser puesto en circulación por sus mandatarios. Implica por tanto la separación entre la identidad esencial de la obra y la pluralidad indefinida de sus estados, o si queremos, entre la sustantividad y el accidente, el texto ideal y trascendente, por un lado, y las formas múltiples de su publicación, por otro.

Larsson seguirá siendo un fenómeno social cuando esté disponible en formato de bolsillo, incluso cuando la plataforma digital de Planeta lance la trilogía en formato e-book allá por Navidad. Y aquí se produce la paradoja: los defensores del ensayo, de los «libros para pensar», alegaban una concepción idealista de la edición, que ahora, comprobamos con estupor, se vuelve en su contra. Como nos recuerda Chartier, David Kastan califica de «platónica» la perspectiva según la cual una obra trasciende todas sus posibles encarnaciones materiales, y de «pragmática» a la que afirma que ningún texto existe fuera de las formas materiales que lo dan a leer o a oír.

Pues bien, a pesar de la venta inmediata y millonaria y del ruido mediático de los «tochos» de Larsson (lectura pragmática), creemos que este fenómeno (lectura idealista) trascenderá los soportes. Como paradigma de una revolución social, económica y cultural, la trilogía Millenium anuncia nuevos tiempos para el mundo del libro, donde éste se ha incorporado a la lógica de los fenómenos de masas dentro del gran consumo de productos culturales, a analizar no por índices de lectura (profesores y académicos) sino por hábitos de consumo (sociólogos y directores de marketing).
Cultura y mercado no se excluyen, pues. La gran pregunta a hacerse es ésta: ¿Un fenómeno editorial como éste hace vender otros libros? Es decir, después de Millenium ¿qué?

3 comentarios:

Julián Chappa dijo...

«Bibliodiversidad.es»

Si algo deberían agradecerle al «fenómeno Larsson» casi todos los miembros de la rueda editorial —a excepción de correctores y maquetadores (subclase que no se beneficia ya ni siquiera en figurar en los créditos de los libros, como sucedía antaño)— es de que Larsson está funcionando a modo de parche para el estrepitoso bajón de ventas del volumen general del mundo editorial. De no haberse editado la trilogía de Larsson en 2009, ya hablaríamos de «Crisis del ’29» del sector editorial.
Es por ello que libreros, editores y todo aquel que se beneficie con el «fenómeno Larsson», hablará maravillas del danés hasta exprimirle la última gota comercial, porque les da de comer.
Pero creer que el mundo editorial sobrevivirá en el futuro con estos golpes de marketing es apostar a la ruleta rusa, porque no siempre las grandes campañas de marketing logran algo así. Cualquiera sabe que, además, hay una dosis indescifrable de moda, azar, suerte, oportunismo, necrofilia y quién sabe qué más para que una cerilla y un bidón de gasolina enciendan tal reguero de ventas.
Larsson se lee, además de por los méritos literarios que sin duda tiene, porque todos los medios de comunicación han cerrado filas para elevar al Olimpo la saga, como «modus operandi» para dinamizar un mercado alicaído y estancado en muchos aspectos.
Pero no podemos convertir a sabiendas un «modus operandi» coyuntural en un «modus vivendi» de la ecología editorial. O no deberíamos, porque la catástrofe ecológica del mundo editorial ya se evidencia con meridiana claridad, la desaparición de especies literarias de valor incalculable no deja de aumentar a un ritmo inversamente proporcional a las ventas de Larsson.
¿Después de Larsson qué? Pues ya inventarán algún otro genio, pero lo más triste es que desaparecen de las estanterías verdaderos genios que son un aporte real a la cultura, fundamentales para la «bibliodiversidad».
El mundo del libro también obedece a la teoría de la evolución, y las especies editoriales maduran con el tiempo y el cuidado de los verdaderos editores, creer en la generación espontánea de «best-sellers» salvadores es similar a creer demasiado en «pseudo-Illuminatis».
Lo que cuenta es apostar por una auténtica política editorial a largo plazo, que produzca «long-sellers» que no solo engorden bolsillos sino que hagan un aporte cultural que expanda y democratice el acceso a la verdadera cultura, haciendo realidad la doble naturaleza del libro como bien simbólico y como mercancía comercial.

Julián Chappa
www.ediciona.com

Carolus dijo...

No deberías leer este e-libro... Entra, mira y ya dirás qué te parece.

http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf

En un grupo de personas, todos lucharán por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Te guste o no, ya eres un cortesano y es mejor que domines las reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

Mas sobre personajes e ideas similares, estrategias, trucos psicológicos y seducción en
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ALEIVE dijo...

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