03 junio 2009

EN VALLADOLID, DE LIBRERÍAS

Hace unas semanas tuvimos ocasión de acercarnos a la Feria del Libro de Valladolid, donde su director Diego Valverde nos hizo de renacentista cicerone guiándonos entre libros y casetas por la explanada soleada donde se celebraba la 42ª edición de la fiesta de los libros. Las apenas nueve horas que paseamos por la ciudad nos confirmaron que los vallisoletanos disfrutan de una tupida red de librerías, cuya oferta conforma un ecosistema equilibrado digno de admiración.

Comenzamos la jornada con parada obligada en Librería Rayuela, capitaneada por Charo Alonso, una librera de las de raza, de aquellas que en cuanto te ve apasionadamente te recomienda el último libro que le espera en su mesilla de noche y le deja horas nocturnas sin dormir. Su librería, tras más de veinte años de duro trabajo (reconocido en 2005 con el Premio Nacional de Librería), se ha convertido en la librería de referencia para los amantes de la buena literatura, de la edición de editor, y de la buena conversación sobre libros y música.


A lo largo de la mañana pudimos acercarnos a la Librería Sandoval, una librería de fondo, con secciones humanidades, derecho e historia bien nutridas, como las de antes, con estanterías de madera y escaleras de mano; la librería de referencia para el mundo universitario. Apenas unos pasos de ella, la Librería Oletvm, pero la infantil, toda una fiesta de color y luz, con grandes espacios donde niños y no tan niños hojean una oferta de literatura infantil y juvenil difícil de igualar, que Estrella García nos enseñó con mimo y cariño. Sus ojos revelaban el orgullo de saberse ganadora del X Premio Librero Cultural el pasado año. Librería Margen, a menos de treinta metros, ofrece una cuidada oferta de libro profesional y técnico tanto en temas jurídicos como en disciplinas como arquitectura, empresa, medicina o ingenierías.

Tras la comida, y antes de una última vuelta a la feria, descansamos nuestros pies en la recientemente inaugurada Casa del Libro, espléndidamente dirigida por Iris Ribayo, que con esmero y dedicación, en apenas unos meses, ha logrado dotar a esta librería de esa atmósfera que buscamos los amantes del libro. Una librería que invita a entrar, a estar rato, a sentarse en sus cómodos sillones, y dotada con una iluminación generosa, la justa para conseguir la calidez tan difícil de lograr en estos espacios.


La charla con Iris nos llevó a hablar de las inevitables devoluciones, tan dolorosas (también en la Casa del Libro) en el caso de muchos sellos editoriales independientes de calidad, y de un concepto de librería imprescindible de recurar: la “librería familiar”, con una oferta cuidada, en este caso, para cada miembro de la familia, y facilitando el acceso a todos. Para ello, CDL ha dotado a su sede vallisoletana con un ascensor, mayoritariamente utilizado por personas de la tercera edad y madres con carrito. La cadena de librerías ha dado el campanazo en Valladolid en esta ocasión, con una librería que quiere formar parte de la cotidianidad de sus lectores.

Lo dicho. Valladolid puede presumir de una buena red de librerías en su casco histórico. Enhorabuena y que cunda el ejemplo.

2 comentarios:

Javier López Y. dijo...

Siempre me pareció formidable el nivel de las librerías en Valladolid. Hay metros cuadrados, hay buena ubicación, y hay excelentes profesionales. Es envidiable, sin duda. Es un ejemplo que hay que proteger y ayudar.

Anónimo dijo...

Es verdad que hay buenas librerías en Valladolid pero con frecuencia teñidas de la tosca sequedad castellana que las hace parecer más tristes de lo que probablemente son. Valdría la pena hablar también de los distribuidores de la zona pues éstos sí que son una barrera para la distribución de los libros: peleados entre ellos, peleados con los libreros y últimamente groseros incluso con los editores...